Josefina Rey Beiró (1937) se traslada año 1961, junto con su marido, a Allariz. Es en esa época cuando su inquietud por la cocina la lleva a descubrir los típicos dulces de la zona. Pero es en el año 1971 cuando decide convertir esta afición en una forma de vida. Por eso crea el obrador de repostería que lleva su nombre, Fina Rei. Hoy día se encuentra retirada de sus facetas más cansinas. Sin embargo, sigue ejerciendo su influencia sobre los hijos que siguen a la frente del horno. Desde entonces, eran muchas las vivencias presenciadas, con mucho esfuerzo realizado e ilusión. Pero en este recorrido, Fina Rei, siempre priorizaron a la gente. Además del buen hacer, la honestidad de calidad frente a cantidad y los tiempos que marcan el reposo preciso frente a la inmediatez que nos distancias de lo bien hecho.

En su origen, Fina Rei nace con la idea de dar a conocer la rica repostería de la zona de Allariz. Por eso, después de 40 años de trabajo, se puede afirmar que con el trabajo, se consigue acercar el prestigio y la elegancia a una tradición que se lleva desenvolviendo en Allariz desde tiempos inmemoriales.

Los dulces tradicionales de la villa de Allariz cuenta con una historia que se pierde en la memoria del tiempo. Se piensa que fueron los judeos los que introdujeron en la zona. Ya que, en la edad media, se conoce la presencia de una importante colonia de este pueblo. Para, posteriormente, los vecinos mantuvieran estos dulces hasta los días de hoy. Existen varias referencias bibliográficas dedicadas a esta actividad. Como, por ejemplo, Historia de Allariz (Alfredo Cid Rumbao 1984) ó Os xudeos de Allariz (Xosé Puga Brau, 1996). Todas ellas con recesiones escuetas, pero claras acerca de la elaboración de estos dulces y de su importancia en la economía de la villa. Pero otras, como el poema de Curros Enríquez de 1878 “Una boda en Einibó”. En él, se habla de la hermosura de la almendra de pico: el más representativo y exclusivo dulce de la villa de Allariz.