Cuando se habla de La Fabulosa, hay que hablar de los orígenes de la mujer, conocida por ese nombre. Ella era la poseedora del secreto de la elaboración del mejor vermut. El origen se sitúa en un pequeño almacén de vinos y licores regentado por su padre. En una villa portuaria del sur de Galicia. Allí entre barricas y toneles, fue desarrollando el paladar y al olfato. Con el tiempo era capaz de seleccionar los mejores caldos de la zona y diferenciar las calidades de los destilados.

Pero de entre todos las bebidas que el almacén familiar distribuía, su preferida era el vermut. El que ellos trabajaban era de fabricación artesanal, de origen catalán., suave y muy aromático y era muy apreciado entre los clientes del almacén familiar. Para ella, el vermut era un desafío. Presumía de conocer los matices y aromas de todas las bebidas que pasaban por sus manos, pero el vermut se le resistía. Reconocía todos los olores, pero necesitaba ponerles nombre.

Es por eso que la visita que regularmente hacía el comerciante de la bodega catalana resultaba especialmente excitante para ella. Que, con el tiempo, había crecido una gran amistad entre ellos rechazada por la familia de ella. Albert, así se llamaba el comerciante catalán, se había percatado de la inquietud de La Fabulosa, y entró en el juego. Con cada visita, deslizaba un nuevo dato, una nueva fragancia, el nombre de un nuevo botánico. Después ella se afanaba en detectar la fórmula exacta, las medidas, los acordes, las notas precisas.

Pero la relación se empaña a raíz de los acontecimientos que tenían lugar en el País, dificultando la llegada del vermut catalán. Pero, tras mucho tiempo intentando revolver el misterio de lo que contenía la receta del vermut. Albert, se decidió a enviarse, junto a la mercancía, una nota que contenía la receta completa, componentes, proporciones… La alegría por resolver el misterio del vermut fue el presagio de la noticia más triste.